A partir de cuándo se sientan los bebés y cómo lo puedes fomentar.

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Quizás nos suene extraño, pero al principio de nuestro desarrollo uno de nuestros primeros grandes logros es aprender a sentarse. Al estar tumbados la mayoría del inicio de nuestra vida, el paso a conseguir mantenerse sentado muestra al bebé un mundo completamente nuevo para explorar. ¿Quieres saber más sobre ello? Sigue leyendo para descubrir más.

Desarrollo del bebé: el camino a sentarse

Ya solo el tamaño y el peso de la cabeza hacen que, para un bebé de menos de un año, sentarse sea una verdadera prueba de equilibrio. No es hasta los ocho meses que nueve de cada diez niños empiezan a ponerse solos en posición sentada para, por ejemplo, jugar de forma segura.

La evolución hasta una posición sentada segura e independiente

Con cuatro meses, cuando el bebé ya puede intentar salir de la posición boca abajo para pasar a una mini flexión, se sientan las bases para que pueda sentarse más adelante. En este momento se entrena la musculatura de la espalda y la nuca, de manera que esté suficientemente reforzada para cuando el bebé se siente. 

Solo a partir de los seis meses podrá sentarse sin ayuda durante un breve instante. Para evitar caídas dolorosas, con los primeros intentos te recomendamos que te pegues a su lado o que lo rodees de cojines para amortiguar la caída. Los pediatras y ortopedas desaconsejan sentar al niño una y otra vez y, para favorecer un desarrollo saludable de la espalda, recomiendan esperar a que el bebé se siente por sí solo.

Este desarrollo saludable de la espalda es muy importante para que el niño pueda sentarse, gatear y andar. Puedes favorecerlo, por ejemplo, haciendo lo siguiente:

  • Acuesta al bebé sin almohada.
  • Llévalo en el fular portabebés (o sin él) con la espalda en la posición correcta, es decir, permitiendo la curvatura natural de la espalda y apoyando bien la cabeza durante los primeros seis meses.
  • Al llevarlo, procura que siempre se coloque en la postura de la ranita durante los primeros meses.
  • Utiliza la sillita solo para el coche, ya que la curvatura de la espalda en el asiento para el coche a menudo es contraria a la postura natural.

Muchos bebés empiezan a gatear en cuanto ya se pueden sentar solos. Lo hacen dejándose caer hacia delante con las manos y colocando las rodillas en el suelo. Con el equilibrio y la coordinación correspondientes, se mueven hacia delante primero lentamente y, después, cada vez más rápido. A algunos les cuesta mucho llegar a sentarse desde la posición vertical.

Para muchos bebés, sentarse es una de las acciones más complejas que pueden hacer con su cuerpo, aún pequeño. Para animar a tu hijo a llegar a sentarse, ponlo boca abajo. Esto refuerza la musculatura de la nuca, que es imprescindible para que pueda sentarse de forma segura. No lo dejes nunca sin supervisión.

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 Comer y sentarse: ¿están relacionados?

La cuestión sobre cuándo puede y quiere comer un bebé su primer alimento sólido es totalmente individual, como muchas otras etapas del desarrollo. Además del interés sobre qué van a comer mamá y papá, la capacidad de sentarse también puede ayudar a encontrar el momento idóneo para empezar con los alimentos sólidos.

Y es que las comadronas y los pediatras recomiendan esperar hasta que el bebé se pueda sentar por sí solo en una trona para empezar a darle comida sólida.

¿No tiene ganas de sentarse?

¿Tu bebé no forma parte del 90 por ciento de los niños que ya con ocho meses se sientan con seguridad para jugar y comer? Ese no es motivo para alarmarse de momento. Puedes hacer mención del tema al pediatra en la próxima visita o en el próximo examen pediátrico y recuerda que cada bebé se desarrolla de forma totalmente individual.

A lo mejor tu bebé está usando este tiempo para aprender otras cosas emocionantes. Dale primero el tiempo que quizás necesita. Según la opinión del pediatra, puedes ayudarlo a desarrollar los movimientos con métodos fisioterapéuticos especiales o gimnasia terapéutica.

Conclusión

Lo más importante: la paciencia. Cada bebé es un mundo, no hay que temer que nuestros hijos crezcan,  sino acompañarlos y animarlos a seguir aprendiendo sobre todo lo que les rodea. En este caso, les estamos echando una mano cuando procuramos un espacio que amortigüe los ensayos del proceso de aprendizaje, y simplemente observamos felices cómo lo intentan.

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